Literatura infantil y género: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

En Europa y en España nos ha encantado desde siempre mirar con recelo a los norteamericanos pacatos en cuestiones de literatura infantil. Además de los comentarios en off  de muchos ilustradores a los que han obligado a vestir sus personajes o a ponerlos en actitudes inequívocamente correctas, se cuentan por decenas los artículos que hablan de ridículas censuras y en congresos y otros lugares se cita constantemente cómo Huckleberry Finn es prohibido en escuelas por argumentos que no tienen nada que ver con la literatura; se describe cómo Sendak fue censurado por publicar a un niño desnudo; se denuncia a Harry Potter por inducir a la brujería y a Roald Dahl por incitar al consumo de drogas. Que un libro de poemas de Shel Silverstein que contiene un poema titulado Cómo no lavar los platos lleve a algunos a pensar que los niños van a romper los platos de su casa significa trasgredir una fina línea: la de la lectura de la literatura como si fuera un manual de uso de vida. Prohibir estos libros sería como prohibir a Supermán porque los niños van a lanzarse por la ventana con una toalla colgada como capa. Todas estas censuras y presiones sobre los libros tienen un nombre: lo políticamente correcto. Aunque la política nos pueda parecer alejada de la literatura infantil, sus prácticas ya han venido para quedarse. Políticamente correcto quiere decir que se cuida el lenguaje al máximo para no ofender a grupos religiosos, sociales o culturales. Es decir, a casi todo el mundo. 

En los últimos tiempos asistimos a una revitalización de la imagen de la mujer. Que conste que no tengo nada en contra de los cientos de libros que están apareciendo para rescatar la imagen de mujeres en la historia. Aunque todos repitan autoras y, de alguna manera, idealicen la vida de muchas de ellas dejando a un lado asuntos polémicos, es una estupenda labor que merece ser analizada con cuidado. Esta moda, además, ha caído en un sector mayoritariamente femenino (basta con asomarse a cualquier curso, congreso o convención sobre literatura infantil o pedagogía), que lo ha recibido con las manos abiertas y, en cierta manera, ha propiciado la moda.



Otro grupo de libros que están apareciendo son los que invitan a ser una rebelde. En estas antologías de mujeres hay que escarbar mucho en la historia (¿de veras alguien puede escribir que Karen Horney es considerada una de las psicólogas más influyentes de todos los tiempos?) y aplicarse bien al cometido de que sean libros listos para "empoderar a las mujeres". Ya la idea de libros para empoderar me da un pequeño escalofrío. Antes eran libros para portarse bien. Ahora, las niñas tienen que ser valientes y rebeldes con las connotaciones que estas palabras tienen: indisciplinadas, desobedientes, subversivas, indómitas, y contestatarias. La idea de que alguna de estas cosas pueda ocurrir en un hogar tal vez pondría los pelos de punta a todos aquellos que ofrecen inspiración con estos libros. 

Pero no es de esto a lo que he venido a hablar aquí. Todo este discurso sobre reivindicar a las mujeres y otorgarles nuevos roles ha abierto una grieta por la que se han colado los lectores políticamente correctos. Aquellos que llevan años diciendo que tienen que desaparecer de la literatura infantil figuras "negativas" de mujeres, léase, madrastras, brujas, pero también princesas. Y esta idea, que lleva años discutiéndose, se ha transformado en la demanda que tuve hace algunos días de una bibliotecaria pidiéndome una lista de libros con "perspectiva de género correcta". Confieso que me dolió porque mirar los libros bajo ese prisma es aplicar lo políticamente correcto a una experiencia con un libro que es absolutamente individual y convierte en censor a cualquiera que tenga en las manos un libro para recomendar. 
Lo más inquietante, para mí, es la pérdida de la capacidad de lectura simbólica. De entender que la literatura es algo con plurisignificados que cada lector construye a su manera. Me acuerdo de cuando la cantante y poeta Patti Smith contaba en sus memorias Éramos como niños que el libro que le fascinó de pequeña fue Tarzán. Pero había otros héroes que, sin importarle si eran hombres o mujeres, desataban sus fantasías:
 "Leer me apasionaba. Anhelaba leerlo todo, y lo que leía me creaba nuevos anhelos. A veces me iba a África y ofrecía mis servicios a Albert Schweitzer o, engalanada con mi gorro de piel de mapache y mi polvorera de cuerno, defendía al pueblo como Davy Crockett. Podía escalar el Himalaya y vivir en una cueva donde haría girar una rueda de oración para mantener la tierra en movimiento "

Bueno, eso es la literatura.  Y ahora, por favor, que alguien me diga lo que es una perspectiva de género correcta en un libro para niños.


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39 comentarios:

  1. Hola Ana, gracias por la nota. La verdad es que este asunto transciende la cuestión de género. El asunto de la literatura como si fuera (como si tuviera el poder para ser y tuviera el deber de ser) "un manual de uso de vida", como dices, es responsable de una gran parte del estado de las cosas en la literatura infantil actual. Me contaba una amiga novelista que ha publicado en Francia, que ahora ha estado trabajando con las editoriales inglesas y americanas que han comprado uno de sus libros para editarlo según las indicaciones de los "sensitivity readers" contratados por la editorial para detectar posibles ofensas o ideas indeseables a transmitir a la juventud (se publican como libros de juvenil). Una de las cosas que me encantó (es un decir), fue la indicación en varias páginas de que el narrador no condenaba la acción del personaje, por lo que quedaba como moral o políticamente ambiguo y eso no podía ser. Le sugerí una nueva forma de escribir donde entre paréntesis hubiera acotaciones constantes en forma de descargo de responsabalidad del autor donde se indicara "acción aprobada" o "acción desaprobada" para la pobre población adolescente no perdieran el norte al leerlo. En otra anécdota que me contaron el otro día, esta una autora de ficción para adultos, la editorial, también británica, le sugirió que su personaje femenino de muy principios de los 60 en un entorno rodeado de hombres fuera más "luchadora" y "rebelde". A la respuesta de la autora de que en ese entorno ser rebelde de una manera determinada no era necesariamente lo más común, la editorial insistió, sí, pero las lectoras de hoy quieren inspiración y esperanza; hay que darle un poco más de "arrojo" al personaje femenino; sino, resulta demasiado deprimente. Ay. Abrazos.

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    1. Hola Ellen, gracias por tu comentario. En el ámbito anglosajón ya hay una buena cantidad de anécdotas al respecto y, en otros países, nos hemos hecho eco con sorpresa y escándalo. Lo que me inquieta es que ya está aquí, a nuestro lado (y parece que ha venido a quedarse). Me gustaría coleccionar la cantidad de "sugerencias" que se hacen en nuestro país, cosas como quitar niños y niñas de las ilustraciones y hacer monos, por ejemplo, porque de esa manera se evitan todo tipo de connotaciones. Y, desde luego, en este momento, el barrido de libros con ideas ambiguas, modelos de otras épocas que deben ser actualizados (véanse la cantidad de insulsas reescrituras de los clásicos) o simplemente, eliminados da mucho que pensar. Es un movimiento que va despacio pero constante y que llega hasta los creadores que asumen la autocensura como un proceso más de su trabajo. Ay, eso digo yo. Abrazos

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    2. Hola Ana, esto rescata Roberto Sotelo en su facebook.EL TEMA NO ES EL TEMA: Opina Graciela Montes, en un entrevista publicada en el diario Clarín el domingo 2 de marzo de 2003.
      A.R.: ¿La libertad creativa del autor estimula la del lector?
      G.M.: —Exactamente. Porque si no, si el libro responde a una receta, puede aparecer lo políticamente correcto que es, por ejemplo, tratar este tema porque debe ser tratado. ¿Hay un problema con el alcoholismo? Hagamos un cuento que trate el alcoholismo. Es tan fácil caer en eso.

      A.R.: ¿Por qué?
      G.M.: —Porque la literatura de los chicos es tan vigilada que es muy fácil que aparezcan mandatos y que se busque responder a ellos. Pero eso, a la larga, siempre es sospechoso para un chico: porque lo recibe como lección, como moraleja, y no funciona como literatura. La literatura es otra cosa: es un lugar donde se producen rupturas. Es cierto que hay que tener en cuenta los temas, pero no es lo esencial, me parece. Hay cuentos de terror, sobre el amor, sobre la muerte... En fin, temas que quizá antes no se trataban.

      A.R.: El tema de la muerte es particularmente difícil. ¿Cómo hacer un buen cuento para chicos con ese tema?
      G.M.: —Hay hermosos cuentos que tratan la muerte muy bien, porque la transforman no en tema sino en literatura. Uno es de Laura Devetach, "Monigote en la arena". El otro, de Gustavo Roldán, "Como si el ruido pudiera molestar", y otro, muy irónico, que aparece en "Los imposibles" de Ema Wolf, que es el del señor Lanari, un señor hecho de lana que se desteje. Cuando termina de destejerse, llega a la casa de la abuela, y la abuela lo empieza a tejer. Es una hermosísima imagen. Eso es literatura. No es literatura armar una historia del tipo "éste es el caso de un niño al que se le murió alguien, entonces, vamos a ver cómo lo consolamos con una novela". No tengo nada contra la gente que hace eso, lo que digo es que no me refiero a eso cuando repito que la buena literatura es urticante y desestructura.

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    3. Grande Graciela Montes, hay que leer y releer a estos grandes pensadores de la literatura, grandes hacedores también. Todo grande, gracias por traer la cita para que quede estampada aquí. Un abrazo!

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    4. Buenos días:
      Cuestiones como estas son las que han "obligado" a Pérez Reverte a escribir un libro con perros (no monos) como personajes para que no se pueda etiquetar de sexista, inductor a... En fin, es muy triste y más el empobrecimiento de la LIJ que se deriva de todo ello. Un saludo.

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    5. Mònika Klibanski12 abr. 2018 17:17:00

      Ellen, què impactante (y perverso, ¿no?) el eufemismo "sensitivity readers" para aquellos que vendrìan a ejercer como censores. Digo yo, ¿còmo es que los editores o los jefes de ventas conocen de antemano lo que busca una masa de lectoras? Son como el oràculo del èxito. Recomiendo una interesante nota del escritor y docente de letras Martìn Kohan que saliò en el blog de Eterna Cadencia que remite a su vez a una nota reciente de Vargas Lllosa publicada en El paìs. Por otro lado, me llama la atenciòn la portada de "Mujeres radicales", en la Argentina, Loqueleo acaba de editarlo bajo el tìtulo "Mujeres geniales" (capaz que para que las tontas mujeres lectoras no lo confundan con el partido polìtico argentino que lleva ese mismo nombre, no le se) y en esa ediciòn vernàcula que se dice fue adaptada para Latinoamèrica (no sabemos por quièn, no figura en los crèditos), viene con una faja naranja que dije "Incluye a Las Madres de Plaza de Mayo", como gancho de venta. O sea convirtiendo a esa instituciòn emblemàtica en un gancho comercial. Es la ùnica inclusiòn local, a Las abuelas de Plaza de Mayo, creo que no tienen una entrada propia en el libro, y a Eva Peròn, por ejemplo de la menciona a secas en un ìndice final con un listado de "Otras mujeres geniales". No me explico bien los criterios de selecciòn y ediciòn, ni tampoco el sentido de estas obras, o mejor dicho el efecto buscado. En fin, vamos en picada, ay ay ay. Creo que voy a empezar a pensar que los libros de Adela Turìn (de finales de los 70) eran mejores :-). O mejor releo a Graciela Cabal que tenìa por lejos màs gracia para escribir sobre estos asuntos y me hacìa reìr y pensar. Saludos, Mònika

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    6. (Uy, no me parece que lo de Pérez Reverte sea lo mismo, ojo al piojo que en esto de los rizos rizadísimos también se esconde cada cabronazo)... Fuera de eso, es impresionante la fuerza y la persistencia de las mandíbulas morales y pedagógicas, siempre puestas a mascarse todo lo jugoso, autónomo, extraño, sospechoso, insinuante, contradictorio e irregular (que está al centro del corazón batiente de ella literatura que apasiona a los niños)

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  2. Brillante como siempre, Ana.
    Trabajo de mediador, y cada vez me resulta más axfisiante la presión que hay sobre la literatura infantil. Parece que si no hay un plus “educativo-formativo” la literatura no interesa.
    Creo que es fundamental que personas influyentes en nuestro medio --como lo eres tú-- reflexioneis públicamente sobre este tema, y ayudeis a encauzar el debate, para lograr sacar de este atolladero utilitarista a la LIJ.
    ¡Muchas gracias!

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    1. Hola Imanol: creo que necesitamos un poco de debate público, se está hablando y actuando mucho en corrillos, en pasillos y es una voz cada vez más amplia. Si alguien, incluso, pretende discutirla parece que está en contra de todo un movimiento. A mí me parece que mezclar todo es complicado y es necesario separar un poco. Ya me imagino las presiones de los mediadores, la falta de argumentos y el agobio. ¡Gracias por tu comentario!

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  3. Un tema peliagudo desde luego y que se puede mirar desde muchas perspectivas.
    Hay un asunto que me resulta especialmente chocante y es que cuando constatar la realidad también puede llegar a considerarse políticamente incorrecta; como cuenta Ellen: hay que retratar forzadamente a una mujer luchadora y rebelde, aunque ese no fuera el caso. Se inventa y ya está. Y si hay que evitar contar que como en la vida misma, los zorros se comen a las gallinas, se evita y se oculta, para que no nos tilden de violentos, No digo que no sea interesante crear una historia en que los depredadores no acaban comiéndose a sus presas (pero en la realidad se las comen y así es la vida). Para eso está la ficción, que me resulta un término imprescindible, porque la ficción es libre y lo mismo permite imaginar a un zorro amigándose con una gallina, que a una gallina comiéndose a un zorro y todo lo contrario. La ficción puede y debe contenerlo todo, sin censuras, pero parece ser que unas ficciones son buenas y otras malas. Me choca igualmente que un libro (es posible que estupendo, recomendable y oportuno, no digo que no) que relata biografías de 100 mujeres extraordinarias del pasado y del presente, de Frida Kahlo a Serena Williams (esto último tomado de la nota editorial)se titule Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes. Las biografías no son cuentos, que yo sepa. Coincido por lo demás que el título es acertadísimo el comercial momento "correcto" que atraviesa la literatura infantil.

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    1. Gracias Roberto, ¡qué buenas apreciaciones!!! Coincido 100% contigo. Sobre lo que dices de un título de biografías que se presenta como "cuentos" tiene que ver con esa larga tradición de que las moralejas se digieren mejor con los cuentos y en este sentido es una estrategia comercial fantástica. Pero ¿pensarán los niños que todos esos "cuentos" de mujeres son pura invención? Un saludo

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  4. Este comentario me viene como anillo al dedo. Trabajo en una biblioteca y hoy, precisamente, he ido a la libreria a mirar libros para comprar. Me ha llamado la atención uno donde salía dibujada una Sirenita con los pechos al aire sin las típicas conchas... "ooh genial" he pensado... Lo compraré para la biblioteca... Al leer la contraportada me ha decepcionado.. Es una colección de cuentos clásicos pero la editorial explicitaba que no eran sexistas y no tenian violencia. Lo he descartado ipso facto! me ha dado pena pq una sirenita con las tetas al aire me ha parecido genial pero si le quitan toda la salsa ??.En el mundo hay violencia como la reconoceran si no la leen y no la "piensan" cuando les explicamos los cuentos? porque no pueden haver princesas y ogros que comen ninos, y que niñas y niños luego reflexionen sobre ello?? Me enerva el blanqueamiento.Es un mensaje plano q no permite los claroscuros que hacen desarrollar tu parte crítica.
    Tambien me molesta la moda de los cuentos de emociones pedagógicos con anotaciones para padres...Prefiero un "Fernando furioso" que habla sobre la rabia sin ser el "cuento de la emoción de la rabia" no hace falta darlo todo masticado!!!
    Venía pensando en esto cuando al llegar al Trabajo me encuentro tu mail y el enlace con esta entrada .. Así que gracias por reafirmarme en mi pensamiento. Veo que no soy la única.
    PD esto no quita que no haya cuentos con heroinas y chicas valientes.

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    1. Que haya un libro con una sirenita con los pechos al aire y, en la contraportada se explicite todo eso que comentas, muestra el lío mental en que el que estamos metidos. Como digo en mi entrada, la ficción se lee en clave simbólica y además cada lector se fija en cosas diferentes: en imágenes, en momentos, en empatías con personajes que a veces ni siquiera son los protagonistas. Bueno, dicho esto, admiro a los bibliotecarios y mediadores que están enfrentados a esta situación día a día. (sobre las emociones estoy también preparando una entrada!). Un saludo

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  5. Acertadísimo comentario, Ana. Es un espanto que, con la disculpa de la igualdad de género (¡pero los géneros no son iguales, lo que deben ser iguales son derechos y oportunidades!) se tilden de machistas los cuentos tradicionales, que responden a unas circunstancias y un entorno que la mayoría desconoce. A parte de que los personajes de los cuentos tradicionales no son sólo "personas" (o animales), sino que hay una serie de simbolismos, estudiados entre otros por Propp o por Betelheim, que explican su función. Querer cambiar eso ahora, para dar nuevos roles a las mujeres, es tener una ignorancia supina y no hacerle ningún favor a su causa. Un saludo.

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    1. Yo también soy lectora de Bettelheim, me parece que es un libro de cabecera para todos aquellos que mediamos en la lectura... Un saludo!

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    2. Sin embargo, ¿las historias que nosotros conocemos de los cuentos populares a través de las versiones, por ejemplo, de los Grimm o Perrault, no son también reescrituras que ellos hicieron siguiendo un criterio propio intentando conectar con su público preferente? ¿No es ignorancia también pensar que fueron recopiladores exhaustivos de historias que se transmitían oralmente? ¿No es la reescritura e intertextualidad continua con todo lo conocido algo maravilloso de la creación literaria? Los cuentos populares hablan de nosotros mismos a un nivel tan profundo que son capaces de conectar con cada sociedad a lo largo del tiempo, pero una conexión bidireccional. También tengo sendas críticas para muchas creaciones actuales pero, en todo caso, constructivas. También para los cuentos populares pero, en todo caso, entendiendo su origen, importancia y valor, como clásicos literarios imperecederos. Y si, también soy lectora de Bettelheim y de Propp. :)

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    3. Cuando los hermanos Grimm publicaron sus recopilaciones de cuentos, muchos adultos se echaron las manos a la cabeza y los hermanos se sentaron a reescribir unas versiones para niños y a seleccionar las menos crudas. Esas versiones fueron rechazadas por los niños, y hoy están en el cajón del olvido...

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  6. Me encanta lo mucho que me hacen pensar tus entradas, siendo una inspiración para mí como mediadora (maestra en potencia). Soy de las que creo que la literatura no es, ni debe ser políticamente correcta, que no puede dar respuestas universales, ni debemos buscarlas en los libros. La literatura nos debe ayudar a hacernos preguntas, a cuestionar cosas, nos debe ofrecer la libertad de darle a una historia el significado que nosotros consideremos oportuno, a vivir la lectura como queramos y como nuestra propia realidad nos lleve a hacerlo; nos puede gustar y hacer gozar, pero también podemos odiarla y enfadarnos. En definitiva, nos debe hacer sentir. Sin embargo, creo que la petición de la profe que te escribió es un síntoma de una parte de la sociedad que está cansada de las injusticias y que quiere romper la tradición de una sociedad cuya perspectiva de género giraba en torno a la superiodidad del hombre sobre la mujer. ¿Que es una perspectiva de género adecuada (en literatura)? Yo creo que existe, y es la no existencia de tal perspectiva. ¿Que es una perspectiva de género adecuada (en la sociedad)? La que garantice que niñas y niños, hombres y mujeres, no sean tratados de manera distinta, juzgados, evaluados o guiados en función de sus genitales. Quizá la profesora que te escribió no cuenta con la "perspectiva adecuada" para entender cual debe ser el papel de la literatura dentro de la escuela, siendo justo con los lectores pero también con la propia literatura en cuanto arte, pero tiene la intención de ser una buena profe, de enseñar en una escuela que destruya los muros y trabaje mirando de cara a la sociedad, sus problemas y su realidad. El feminismo abraza la literatura para evitar que la representación de la mujer sea repetidas veces la misma, la "prototípica", porque la sociedad actual ya no es la sociedad que vio nacer muchas de esas obras tachadas de machistas. Cada obra tiene sentido en su contexto de creación, según la realidad de su autor. Creo que el problema es que en nuestra lucha por la igualdad queremos borrar nuestro pasado, sin darnos cuenta que quien recuerda el pasado es quien puede mirar hacia el futuro y actuar sobre el presente, sin el peligro de volver a tropezar, otra vez más, con la misma piedra. El camino es largo y los primeros pasos siempre son los más complicados, un camino que se construye mientras se anda, todos juntos. Un camino que tú ayudas a construír. Gracias por tu blog Ana! :)

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    1. Rocío, con un comentario como el tuyo, ya valió la pena escribir esta entrada. <3 Muchas gracias, seguiremos pensando juntos.

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  7. ¡Hola! El problema, desde mi punto de vista, es esta necesidad de ofrecer tesis. En lugar de mostrar las cosas en su naturaleza problemática, contradictoria... Las adultas y los adultos tenemos mucho miedo de la contradicción, porque genera claroscuros, las cosas no son blancas o negras. Arenas movedizas que nos aterran. Creo que a niñas y niños, no tanto. Y qué grande Graciela Montes... ¡Gracias por tu artículo, Ana!

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    1. Gracias Lola, creo que explorar esas ambigüedades es lo rico de la literatura. Cada vez leemos más de forma literal, sin adentrarnos en el bosque... Los niños, al menos mientras les dejamos, hacen sus lecturas de manera libre y encuentran en los libros iluminadores momentos, más allá de las representaciones de la realidad, la lupa con la que estamos leyendo ahora. Un saludo

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  8. Ana:
    Tu artículo me parece necesario, valiente y acertado. Lo políticamente es un cáncer que mata la literatura. Es una gran mentira, la vida no es así. Algún partido político, de izquierdas, para más inri, se está planteando censurar a Neruda. Supongo que el próximo será Picasso, tan machista y taurino. No es un tema nuevo, lleva muchos años, pero sigue creciendo y ahora ha empapado el tsunami feminista y el feministorro. Me han encargado un libro sobre "mujeres que cambiaron el mundo". He documentado 100 personajes y seleccionado 30. Pero el listado final es cosa de los editores (en función de lo que más venda, supongo). Por cierto, en el muy famoso libro de "Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes", entre sus top cien no aparecen, por ejemplo, personajes históricos del calado de Teresa de Calcuta, Isabel la Católica o Juana de Arco. Pero sí Hillary Clinton, las tenistas Williams y Michelle Obama. ¿Autocensura ideológica? ¿Mercado?
    Todo esto me revuelve las tripas. Ya me las revolvía en los viejos tiempos de Frodo.
    Muchas gracias.

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    1. Bueno, una selección es una selección. En la tuya faltarán algunas mujeres que son importantes en otras culturas (siempre echo de menos a Sor Juana por ejemplo -lo de Sor parece no ir bien con estos tiempos, aunque en su contexto histórico se muestra que fue una mujer de gran calado intelectual y poco monjil). Y falta un pelo para que Picasso vaya a la hoguera, glup...

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  9. Gracias, Ana, por lanzar esta "piedra en el estanque" que daría para interminables debates, como muestra la cantidad de interesantes comentarios.
    Yo le daría especial eco a unas palabras de tu entrada: "Lo más inquietante, para mí, es la pérdida de la capacidad de lectura simbólica." Es inquietante y preocupante, pues me consta que está haciendo cada vez más mella en la infancia porque esa pérdida está ya muy afianzada en gran parte de los adultos que cotidianamente acompañan al niño en la escuela, la familia...
    La simplista literalidad reinante en el uso de los lenguajes -y que incluye cada vez más fórmulas de moda políticamente correctas- resulta, verdaderamente, MUY inquietante.Perniciosa. Lo simbólico, lo metafórico, las ondas de la piedra en el estanque, van quedando amordazadas.

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    1. Todo tiene que ver con una idea pedagógica de la literatura. El "ya que estamos" vamos a darles alguna lección o moraleja. Yo estoy agotada de la literalidad que hay actualmente en el mundo del arte y la literatura...
      Un saludo Ana-Luisa

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  10. Ana querida: ¡qué bueno que trajeras este asunto a discusión! Me hiciste pensar que quizá en 40, 50 años las próximas generaciones vean esta ola de libros políticamente correctos como un signo de una sociedad demasiado (pre)ocupada por las formas que en el fondo seguía siendo de lo más retrógrada. O quizá serán el signo, el estadio previo, de una sociedad liberada en la que cada quien hará tanto su propia vida y lo que se le antoje que estos "manuales" de comportamiento (aunque tengan las mejores intenciones) sean vistos, incluso, con cierta ternura. Eso en el futuro. Ahora mismo me parece que reproducen la típica relación de poder adulto-niño/niña (y sí, igual que los manuales de urbanidad sólo que con los valores de ahora) en la que los temas someten a la literatura, para decir que el adulto somete al niño con su agenda. También, igual que tú, valoro la necesidad de esta otra agenda, pero me ha parecido brillante tu cierre con el maravilloso ejemplo de Patti Smith. Creo que lo dice todo. Y me recuerda la experiencia de Marina Colasanti que leía a Salgari y jugaba a ser pirata.

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    1. Gracias Afolfo, querido. Yo creo que en 50 años estos libros se habrán olvidado de la misma manera que ningún niño lee las adaptaciones para niños que se hicieron del Robinson. Sin embargo, dentro de 50 años, dos niños hambrientos perdidos en un bosque que encuentran una casita de chocolate, seguirá cautivándoles... Un abrazo

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  11. Una de las manifestaciones más groseras de esta tendencia que une el talibanismo de lo políticamente correcto con la idea de reducir a la literatura infantil a instrumento educativo, se da con las ficciones que recrean situaciones de épocas pasadas. Como se le adjudica al autor las ideas de los personajes, cada vez que se manifiesta el racismo, el clasismo, el machismo o el anti indigenismo propio de la época, se le cae al autor como si estuviera proponiendo lo que ocurre en esa ficción. En la base de eso hay una subestimación del chico como lector y una idea empobrecida de los efectos de la literatura y el arte.

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    1. Sin contar con el desprecio hacia el creador. El tema es que, hasta en la literatura en general, está pasando. Véase el reciente lío que se ha montado en torno a Lolita de Nabokov...

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  12. a mi la verdad que ver esas biografias tipo álbum ilustrado Audrey Herpburn o Frida Kalho con una sonrisa amable y complaciente, portadas de libros amables, me repatea mucho, pienso que a estas mujeres de caracter como eran, se enfandarían mucho si los viesen, y gritarían y más de un/a editor/a bienintencionado, se llevaría una buena colleja de su parte.
    Pero creo que sería un error no prestar más atención a qué hay detrás de esta demanda:...rabia, imaginarios no permitidos....a no se qué, pero que esta generando un movimiento poderoso.
    Casi todas estas obras con una perspectiva de género correcta o no :-))) surgen al margen de las editoriales, Crowdfunding o micromecenazgo: Erase dos veces La Sirenita, Cuentos de buenas noches o Mujeres de Isabel Ruiz Ruiz... y la verdad es que la petan, y de nuevo pienso que hay que oír algo. Oír, oyen bien pero a ruido de las monedas las editoriales que viendo el moviemiento que generan se lanzan a re-editar o versionar este tipo de iniciativas e inundar el mercado.
    Sin embargo creo que hay gente que sabe oír esos ecos e interpretarlos o oirse simplemente y generar libros de calidad. Es el caso de Pénélope Bagieu, y su obras Valerosas, que desde la elección de personajes, no siempre las de siempre, y como plasma sin esconder, sin cerrar... a mi interpela, me interesa y me emociona. No es el caso de libros como los que estan a su lado
    en el post, como las chicas son guerreras ( sí de nuevo esa imagen de la mujer señalando un puño) o sirenitas bocazas que matan la historia desde la contraportada....
    Por eso, porque no son lo mismo aunque lo parezcan creo que es justo no meter todo en el mismo saco. Es complejo y hay como en todos los temas, un sin fin de gente que cree que es fácil hacer Literatura Infantil sin ningun tipo de conocimicento sobre Mujeres, Patos o niños que salen de su zona de confort.
    Valerosas no es lo mismo que una biografía plana de una Frida buena que coge un pincel con delicadeza y mira con ternura a un angelical rivera JA!
    Hay gente que queremos que en la LIJ oír más " punk feminista " y oír esos ecos que nombraba antes pero no, a cualquier precio.
    Y trabajabamos para eso, gestionando la rabia, las ganas, el arte, el aprendizaje, la poesía, el humor, el trazo equivocándonos y otras veces acertándo mucho.
    Siempre mueve leerte y me gusta que me siembre preguntas nuevas
    acerca de la LIJ. Gracias

    Myriam
    Una feministorra más

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    1. Gracias Myriam por tu visita y comentario. Como editora, imagino que oscilarás entre la alegría y la decepción ante muchos libros. Como bien dices, las obras deberían analizarse una por una, aunque confieso que el exceso, la mercantilización y el "todo vale" me desaniman. Ya lo hice con la entrada sobre Frida Kahlo para mostrar las complejidades de estos libros de biografías. Recientemente paseaba delante del escaparate de una librería religiosa, San Pablo, y al lado de un montón de libros sobre el Papa se alzaba una enorme selección de libros cuyas mujeres levantaban el puño y tenían una actitud muy agresiva. Me arrepiento de no haber sacado una foto, pero me encogí tanto viendo el disparate que me hizo volver a pensar en todo este tema. Río revuelto y ganancia de pescadores (sean estos editores, o mediadores que se apuntan a la moda sin generar ninguna discusión). Muchas gracias y un abrazo

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  13. La censura es un bicho mutante, engañoso, que no da tregua. Acá esto, recién salido del horno, pleno de actualidad (ah, espera... ¿Es de 1983?): https://loleemosasi.blogspot.mx/2016/04/censura-en-la-literatura-infantil-somos.html

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  14. Hay un concepto de Bajtin, el cronotopo, que da cuenta justamente -grosso modo- del contexto de producción de los textos. Censurar, encorsetar, desterrar textos y autores que no son afines a nuestras ideas pero que harán que nos perdamos maravillosas obras me parece tremendo.
    Por otro lado, que se use el concepto de "correcto" y allí ubicarse es un acto de soberbia.
    Me parece que a los niños hay que darles literatura, y la formación los hará armar sus valores, pero el mix de ambos da resultados nefastos.
    No hay que subestimarlos.

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  15. Voy a ser un poquito abogado del diablo, por chinchar un poco. Veo que tanto en los comentarios del blog como por aquí la discrepancia es mínima y sin embargo se habla de la necesidad de abrir debate. Quizás en estos debates, lo que realmente hace falta es que la gente libre de pecado como la que interviene en este foro y disfruta un poquito de estar espantada con el estado de las cosas y de poder compartirlo entre gente afín (estoy siendo mala queriendo y me incluyo absolutamente en el grupo) cuente casos que le han enfrentado a dilemas reales de no saber qué hacer relacionados con asuntos de género o de racismo, o con otros asuntos que despiertan dilemas parecidos.
    Decir que no existe el problema creo que tiene mucho de ingenuo. Yo misma, por ejemplo, pensé que estaba más allá de este tipo de dilema, pero me sorprendí a mí misma sin saber qué hacer cuando leía en voz alta a mi hijo un libro maravilloso de Erich Kästner, “Puntito y Anton”, donde el autor, después de cada capítulo, invita a unas reflexiones que advierte que te puedes saltar si quieres pero que ofrece insertadas en el texto principal. En estas reflexiones, que se salen del texto de ficción y donde el autor se erige en una autoridad moral o al menos en un adulto invitando a reflexionar en una dirección determinada, hay observaciones tremendamente machistas sobre el tipo de mujer que siempre tiene jaquecas o el tipo de mujer a la que solo interesan las compras y que no se ocupa de lo que tiene que ocuparse una mujer, por ejemplo. Pregunté a mi hijo si quería que leyera también las reflexiones y me dijo que sí, así que las fuimos leyendo, pero enseguida me topé con algunas de esas reflexiones rancias a más no poder y dudé: ¿y si me las salto? Pero finalmente las leí, aunque confieso que me incomodaba la idea. Durante la lectura de estas partes, posiblemente alentado por mi entonación algo incrédula (todo cuenta) mi hijo me preguntó varias veces que por qué decía eso, que no entendía, y fue una oportunidad para hablar.
    Así que todo bien, pero no todos los niños preguntarían eso y es cierto que cuando hay un mensaje extraliterario mezclado con la ficción de esta manera, hay algo complicado, especialmente si lo estás leyendo a un grupo de niños, por ejemplo.
    Pensando en otro ejemplo: si hay un clásico que se refiere repetidamente a las personas de raza negra como seres de intelecto inferior o seres susceptibles de ser propiedad de personas blancas, partiendo de que no querríamos eliminarlo de la biblioteca, ¿debería estar al alcance de cualquiera sin acompañamiento? ¿o debería estar en un montoncito de libros que se beneficiarían de un acompañamiento o de un comentario durante o después de la lectura? ¿Hay lecturas que hay que acompañar o comentar? ¿Hay una edad en la que presumimos que ya no hace falta acompañamiento? ¿Cuál? Estas son preguntas genuinas que creo que se hacen mucho en bibliotecas, escuelas y hogares y la respuesta quizás no sea siempre tan sencilla como: deja que la literatura sea literatura.
    Creo que hay dilemas reales que afectan a personas reales haciendo su trabajo con familias y alumnado real. Yo tendría a Puntito y Antón mi biblioteca –y lo tengo– por sus muchas virtudes literarias, a pesar de esas espantosas invitaciones a reflexionar. Como editora, es probable que las mantuviera también, aunque me parecería muy interesante -en el sentido de percibir argumentos a favor y en contra- el debate de si mantenerlas o no. En este sentido, sería interesante hablar de casos concretos, de dudas concretas y de anécdotas concretas en torno a libros difíciles en este sentido o en torno a decisiones editoriales o creativas complicadas. Reflexionar no a partir de lo que tenemos claro, sino de lo que no tenemos claro.
    El título de Ana sugiere un límite, al que también se le podría dar la vuelta. ¿Hay algo que NO estaríamos dispuestos a tolerar? ¿Qué? ¿Y por qué?

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    1. Gracias Ellen por continuar la discusión, hacía mucho que el blog no se llenaba de comentarios tan sugerentes. Y tienes razón: todos hacemos piña y me encanta que seas abogadA del diablo. Sin embargo en mi entrada de Facebook del 5 de abril donde ya empiezo con este asunto, hay muchos comentarios de situaciones complicadas. Como el que hace la editora Arianna Squilloni cuando está en una biblioteca leyendo Malacatú y alguien le dice que por qué está la madre en la cocina y se ocupa ella del tema de lavarse los dientes. ¡!
      Sobre el ejemplo que pones de Puntito y Antón yo, como editora, quitaría esos comentarios al igual que haría con un prólogo desfasado (se nota que no soy editora, jaja). El otro punto que planteas ya me parece más complejo, el de las lecturas para acompañar. Yo tengo mis dudas en hacer un montoncito. El problema es que para tí serán las cuestiones de,por ejemplo, personas de raza negra, pero para otros la lista puede incluir prácticamente cualquier cosa, y me pregunto por qué tenemos que aplicar este filtro. ¿Acaso cuando vamos a un museo, colocamos en otro lado cuadros que representan situaciones más crudas que tus ejemplos como la esclavitud o saturno comiéndose a sus hijos, etc.? ¿Qué diferente es un libro de un cuadro para que ejerzamos control sobre el primero?
      Y si, a ver si alguien se anima. Igual, para quienes tengan curiosidad, remito a la página de Facebook de Catálogo Cuatro Tuercas -erase dos veces -Pre papá, donde se apiña el grupo que hubiera estado bien tener en esta discusión:
      https://www.facebook.com/CuatroTuercas/

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    2. ¡Pero el caso de Arianna es justo lo contrario! Es de esos casos que nos encanta contar y con los que nos encanta escandalizarnos (me too, como en mi primer comentario). Yo me refería a esos casos donde incluso las personas que pensamos que lo tenemos claro en una dirección, de repente dudamos. El asunto del montoncito creo que es complicado, de acuerdo. No es fácil. En los museos, no hacen secciones especiales para cuadros "difíciles" pero cuando los niños van a un museo, por debajo de cierta edad, siempre lo hacen acompañados, así que no hacen falta los apartados separados. El acompañamiento en este caso se hace con todas las obras, sin distinción. Tampoco estoy necesariamente defendiendo los montoncitos; solo diciendo que realmente no siempre lo tengo tan claro como a veces creo.

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    3. Al hilo de este tema, sobre el que sigo pensando y sobre el que no tengo todo ni mucho menos claro, he oído hace un par de días en la radio una entrevista que tal vez pueda aportar otro punto de vista. Un profesor estudioso del Islam, Thomas Bauer, ha escrito un libro que se traduciría algo así como La desambiguación del mundo: la pérdida de la ambivalencia y de la pluralidad de significados. En la entrevista no se refería solo al plano religioso, sino también al cultural. Dice algo como "las personas por naturaleza, tienden a evitar la ambivalencia. En una cultura compleja en la que las personas practican el contacto unos con otros (cortesía, respeto, ayuda mutua) se desarrolla una mayor tolerancia a la ambigüedad, porque uno está acostumbrado a querer cosas que tal vez contradicen los intereses de este preciso instante. Pero cuando una cultura se siente o está amenazada, esta tolerancia desaparece”. Según él, actualmente se observa una creciente tendencia a la intolerancia ante lo ambivalente y ambiguo, no solo en el Islam, sino en general. Habla de reacciones muy violentas contra los intentos de conservar la ambigüedad o los significados múltiples. Y ahora viene lo nuestro: afirma que hay espacios donde se encuentra por definición esta ambigüedad, donde se rompe el pensamiento utilitarista, y esos son los espacios de la literatura, la música y las artes. Y piensa que “en estos ámbitos se puede entrenar la ambigüedad. Igual que hay clases de deporte, para mantener la salud. Allí la gente se mueve, aunque no tenga ganas y de otra forma no lo haría. Así habría que entrenar también la ambigüedad”.
      Bueno, un poco largo. Pero creo que viene al caso en que esta ambigüedad todavía se tolera menos en relación con la infancia. Y la literatura infantil, aunque algunos tengamos claro que es literatura (y por tanto, ambigüa), se presta a ser utilizada con la intención de transmitir certezas y valores sin ambigüedad posible.
      Para los que entiendan alemán, aquí está la entrevista. Espero haberle hecho justicia en mi resumen apresurado.
      http://www.deutschlandfunkkultur.de/ein-plaedoyer-fuer-die-vieldeutigkeit-der-welt-ambiguitaet.2162.de.html?dram:article_id=415542

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  16. Gracias Ana por tu magnífico y acertado (como siempre) artículo. Es una pena que la LIJ y, aún peor, los niños, se vean inmersos en esta moda, esperemos pasajera, de lo políticamente correcto, sobre todo cuando la política ahora mismo es de todo menos correcta. Es un síntoma, para mi, de hasta dónde puede llegar la ignorancia y la necedad del ser humano, y un modo sutil (o no tanto) de manipulación. Ahora está bien visto ser...muchas cosas, la verdad. Una de ellas es feminista, o proyecto de serlo, y digo lo de proyecto porque a las que se quiere "empoderar" (como detesto esta palabra) es a las niñas. Pobres niñas si se les ocurre decir que les gusta el rosa. Pobres niñas si lo que quieren es jugar SOLO con niñas. Pobres niñas si quieren de regalo una cocinita con sus cacharritos. ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¿No es todo de lo más absurdo? El último artículo que he redactado para la revista de literatura infantil y juvenil Clij (saldrá en el número de mayo-junio) habla, precisamente, de niñas valientes, valiosas, únicas, que podemos encontrar, que siempre hemos podido encontrar en los libros (Jo de Mujercitas, Calpurnia Tate, Momo, Katniss Everdeen, Hermione Granger, Matilda, Mafalda...) y que son una buena referencia para las niñas de hoy día, sin necesidad de fabricar historias empeñadas en demostrar la validez del género femenino (¡como si no lo hiciéramos también rematadamente mal). Y, si no me equivoco, porque he visto sólo un vídeo de promoción, el último premio Barco de Vapor,La niña invisible, me temo que va en esta línea: una niña en la prehistoria que demuestra lo valerosa que es aún siendo "invisible". En fin, siempre digo que este tema como tantos otros, es una cuestión de educación, de buena educación...y no sólo me refiero a la de los niños. Un abrazo

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  17. Noni: Para que usted pueda expresar su opinión aquí o en cualquier foro, se necesitó de esas "mujeres empoderadas" que tanto detesta.

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